Eduardo Sanz Lovatón respecto a la derrota del PRM en la capital: “Nos dejó una amarga sorpresa”

Santo Domingo.- Eduardo Sanz Lovatón (Yayo), miembro de la Dirección Política del Partido Revolucionario Moderno, manifestó que la derrota sufrida por el partido en el Distrito Nacional resultó ser una amarga sorpresa.

“Debemos empezar por aceptar que esta victoria estuvo acompañada de decepciones. Varios, arrastrados por el optimismo, soñamos con cifras excesivamente optimistas. El resultado en la capital fue una amarga sorpresa, o mejor dicho, una llamada de atención que nos indica que, a pesar de todo, estamos siendo vigilados. Por ello, regreso al punto de la madre de todas las batallas. Es importante clarear este término; nos enfrentaremos a la vieja política, con sus máscaras de modernidad, experiencia y promesas vacías tras 20 años de inacción. Esta vieja política requiere vigilancia constante, considerando que en la polítca los pequeños rivales son como fantasmas: inexistentes”, expuso Sanz en su columna de hoy en el Listín Diario titulada: “La madre de las batallas: Ganar la victoria“.

Artículo completo: La madre de las batallas: Ganar la victoria

EDUARDO SANZ LOVATON

El pasado 19 de mayo, nuestra alianza gubernamental logró una nueva victoria. Las mayorías municipales y congresuales alcanzadas nos otorgan una influencia significativa en la gestión estatal durante los próximos cuatro años. Este hecho puede analizarse desde diversas perspectivas, pero la conclusión es inequívoca: Luis Abinader ha sido respaldado decididamente por nuestra sociedad.

En este contexto de victoria, es fundamental mantenernos prudentes y atentos. La historia, antigua y reciente, nos demuestra que las insatisfacciones pueden aplazarse, pero nunca eliminarse por completo. En sociedades como la nuestra, marcadas por deudas sociales, problemas aplazados e injusticias no resueltas desde hace siglos, la paciencia es un recurso escaso. A esto se suma la creciente inconformidad alimentada por la posverdad y las redes sociales, lo que nos obliga a concluir que celebrar sería un acto de ingenuidad. Lo que procede es dedicarnos aún más al trabajo, conscientes de que nos enfrentamos a lo que podría describirse como la madre de todas las batallas.

Es momento de admitir que, a pesar de la victoria, hubo decepciones. El entusiasmo nos llevó a esperar resultados demasiado favorablea. La realidad en la capital fue una sorpresa desagradable, interpretada por muchos como una advertencia de que, aunque apoyamos, estamos vigilantes. De ahí mi referencia a la madre de todas las batallas. Es crucial entender que nuestro desafío será contra la vieja política y su falsa modernidad. No debemos subestimar a ningún adversario, por insignificante que parezca.

Además, enfrentamos el reto de responder a una sociedad que clama por cambios y que tiene poca tolerancia para sacrificios, especialmente cuando perciben a la política como un refugio para corruptos. Por ello, nuestro gobierno debe ejemplificar la transparencia y el sacrificio, demostrando con acciones que los liderazgos están dispuestos a hacer lo que exigen a otros. En la actualidad, solo un gobierno austero y trabajador puede aspirar a corregir los desequilibrios de una economía que, aunque funcional, genera desigualdades que amenazan el futuro. Nuestro liderazgo debe asumir sacrificios para fomentar la responsabilidad ciudadana. Creo firmemente en ellos, más allá de nuestra propia confianza.

Nuestro éxito es nuestro mayor desafío. Algunos podrían pensar que ganar nos da vía libre para continuar como siempre. Yo pienso todo lo contrario; nuestro partido necesita renovarse, abrirse más a nuevas ideas y formaciones. Solo los partidos con una sólida base teórica pueden superar las ambiciones individuales.

Habiendo participado en las tres direcciones de nuestro joven partido, y como el último secretario nacional de Finanzas, puedo attestiguar el gran esfuerzo de nuestros líderes. A todos ellos, que han forjado un partido emergente bajo el liderazgo de Luis, sin recursos económicos y que en menos de diez años derrotó a un poder establecido, osar cuestionarse y abrirse al cambio es nuestro desafío. Esto determinará si logramos o no conservar el legado de Luis y seguir impulsando las transformaciones de una sociedad que ha decidido ser protagonista de su historia. El antes y después de la República Dominicana será nuestro orgullo generacional.

El milagro dominicano se ha materializado, ahora debemos hacerlo parte de nuestra realidad cotidiana, un proceso que nos tomará años, posiblemente más de los que viviremos, pero que debe ser motivo de orgullo. Enfrentamos también una oposición difusa, peligrosa por su falta de claridad, pero no por ello menos desafiante. La madre de todas las batallas también es contra el pesimismo, la demagogia y el populismo. En esta era de las redes sociales, enfrentamos a quienes confunden agresividad y espectáculo con contenido. Esta amenaza no es nueva, pero es necesaria confrontarla para ganar la verdadera victoria. ¡Adelante!

 

creditos de las imagenes de este post: Elpregonerord.com

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