Pugnas por la estructura partidaria volvieron a colocarse en el centro del debate interno del PRM, luego de las revelaciones atribuidas al periodista Salvador Holguín sobre tensiones en la antesala de la Asamblea Nacional de Delegados.
De acuerdo con el relato difundido, el oficialismo llegaría a esa cita con un aparente tranque interno por la conformación de su dirección, un proceso que suele definir equilibrios de poder, acceso a puestos estratégicos y la proyección política de los grupos que compiten dentro de la organización. En ese escenario, las pugnas por la estructura partidaria no serían un asunto menor, sino una disputa por influencia real dentro del partido de gobierno.
Pugnas por la estructura partidaria en la cúpula del PRM
Holguín sostuvo que la asamblea estaba prevista para este domingo y que el presidente Luis Abinader no asistiría, aunque sería escogido como presidente del PRM. También indicó que la prensa tendría acceso limitado al encuentro y que las decisiones se comunicarían al cierre por vocería interna.
En el fondo, el conflicto gira en torno a la nueva arquitectura dirigencial. Las versiones recogidas por el comunicador apuntan a desacuerdos sobre la secretaría general y sobre otros puestos de peso dentro del partido. Esa combinación alimenta las pugnas por la estructura partidaria en momentos en que el PRM busca ordenar su maquinaria política sin exhibir fracturas públicas.
Los nombres que marcan la disputa
Según lo expuesto por Holguín, un sector identificado con la llamada “dinastía Mejía” respaldaría la designación de Juan Garrigó Mejía como secretario general, mientras habría resistencia a que equipos asociados a Eduardo Sanz Lovatón y David Collado obtengan mayor representación.
Otro punto sensible sería la posible llegada de Gloria Reyes a la Secretaría de Organización, una posición clave en cualquier partido porque conecta la dirección con la base territorial y con la operatividad diaria. En cualquier lectura interna, ese cargo influye directamente en las pugnas por la estructura partidaria.
Qué está en juego para el oficialismo
El PRM ha mostrado en los últimos años una tendencia a concentrar poder en torno al Gobierno y a su liderazgo central, lo que obliga a negociar cuotas internas para evitar choques mayores. Cuando esas negociaciones se endurecen, aparecen señales de desgaste que pueden afectar disciplina, coordinación y proyección hacia los próximos ciclos electorales.
La discusión ya no es solo quién ocupa un cargo, sino quién controla la organización desde adentro.
Si se confirma un reparto cerrado y sin consensos amplios, el mensaje hacia la militancia será claro: las pugnas por la estructura partidaria siguen abiertas, y el PRM tendrá que administrar esas tensiones con cuidado para evitar que el conflicto trascienda la asamblea y se convierta en un problema político mayor.
Por ahora, todo queda pendiente de las decisiones finales de la Dirección Ejecutiva y de cómo se resuelvan las pugnas por la estructura partidaria dentro del PRM.

