Este viernes 7 de febrero de 2026, Haití ingresa de nuevo en un profundo vacío político e institucional. El Consejo Presidencial de Transición (CPT), que fungió como jefe de Estado interino desde abril de 2024, vio expirar su mandato sin un mecanismo claro de sucesión. Esta situación revierte al país a una fase de incertidumbre extrema, tras años de inestabilidad post el asesinato de Jovenel Moïse en 2021.
Antecedentes de la crisis
El CPT surgió para llenar el hueco dejado por la ausencia de liderazgo electo. Durante 22 meses, lidió con divisiones internas, como el fallido intento de destituir al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, lo que tensó relaciones con Estados Unidos. Propuestas como un “ejecutivo dual” o mandato compartido con el Tribunal de Casación y sociedad civil no cuajaron, dejando a Haití sin rumbo institucional ante elecciones previstas para agosto de 2026.
Vacío político e institucional agrava la violencia
La violencia complica el panorama. Bandas armadas controlan gran parte de Puerto Príncipe y otras zonas. Entre enero y noviembre de 2025, se registraron más de 8.100 asesinatos, cifra subestimada por el control territorial de estos grupos, según datos de la ONU. El colapso institucional fomenta desplazamientos masivos y deterioro de servicios básicos.
Respuestas internacionales
El Consejo de Seguridad de la ONU extendió la misión BINUH por un año para apoyar el proceso político y derechos humanos, sin fuerza militar directa. Se impulsa la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) con 5.500 efectivos para respaldar a la Policía Nacional de Haití. EE.UU. respalda a Fils-Aimé, revocó visados a dos miembros del CPT por nexos criminales y mantiene la Operación Lanza del Sur con buques como el USS Stockdale.
- Control de bandas en capital haitiana persiste desde 2021.
- Elecciones 2026, primeras desde 2016, en riesgo por inseguridad.
- Presión externa busca evitar colapso total.
Expertos destacan que este vacío político e institucional amenaza la transición democrática. Sin liderazgo legítimo, la crisis humanitaria se profundiza, con miles afectados por hambre y falta de atención médica. La comunidad internacional urge consensos, pero fricciones locales obstaculizan avances. Haití necesita urgentemente superar este vacío político e institucional para restaurar gobernabilidad y seguridad.
