Santo Domingo, 1 de julio de 1966. Fue el día donde Joaquín Balaguer asumió la presidencia de República Dominicana con una mayoría de votos. Fue el primer presidente elegido democráticamente en más de 30 años, y tenía un gran peso a sus espaldas.
Para algunos, Joaquín Balaguer logró generar un impulso económico que salvó a su nación, para otros simplemente fue otro dictador. ¿Cuál es la verdad?
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Joaquín Balaguer: El líder sometido
Después del asesinato del dictador Rafael Trujillo en 1960, Joaquín Balaguer, antes secretario privado, pasó a ser la figura de mayor autoridad en el país. Por dos años estuvo en el poder hasta que cedió su puesto debido a la presión del pueblo que lo veía como un títere de Estados Unidos.
Irónicamente, Balaguer volvió al poder en 1965 gracias al apoyo de Estados Unidos, y siguiendo la influencia del país el dominicano empezó a mejorar la infraestructura de República Dominicana.
Este periodo conocido como los 12 años vio un crecimiento económico y fisonómico en República Dominicana, aunque también vio en aumento la represión hacia los activistas de izquierda y opositores.
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Regreso de Balaguer
En las siguientes décadas, República Dominicana adquirió una mayor deuda externa que se acrecentó durante la presidencia de Salvador Jorge Blanco. Bajo este contexto, Joaquín Balaguer volvió al poder en 1986. Está vez, adoptando una postura más liberal en cuanto a la apertura económica.
En este tiempo, Joaquín Balaguer promovió el turismo en el país, la inversión externa, y el desarrollo de mercados. Irónicamente, en estos años, República Dominicana desarrolló una inflación nunca antes vista, y se le vio relacionado al presidente con distintos casos de corrupción en figuras de autoridad.
Incluso fue aquí donde nació el término “barrilito” para referirse a esos fondos públicos destinados a proyectos de bienestar social que se perdieron y terminaron en el bolsillo de los congresistas y las figuras de alto poder.
Bajo este contexto, Joaquín Balaguer aceptó renunciar en 1994 debido a las protestas y presiones sociales. Esto, acordando también una reforma en la constitución que limitaba la reelección.
Por todo esto, Balaguer sigue siendo una figura tan polarizarte: dividido entre los que creen que fue un buen presidente, y un tirano que supo limitar su ambición.

