En el corazón de Ciudad de México, una impresionante figura del Niño Dios de cinco metros de altura desembarcó el lunes por la noche en el barrio de Tepito. Esta imagen, con rasgos de recién nacido, recorre el país promoviendo valores de paz y unidad familiar. El martes, decenas de vecinos se congregaron para oraciones, ofrendas y una misa especial, transformando las calles en un espacio de fe colectiva.
Devoción en un barrio de contrastes
Tepito destaca por sus mercados callejeros vibrantes y su fuerte identidad cultural, pero también por altos índices de inseguridad. Guillermo Ramírez, residente local y coordinador de la visita, expresó: “El Niño Dios significa todo para mi familia, somos muy católicos. Quiero mostrar que en Tepito hay gente buena”. Ramírez contactó a los creadores tras ver la figura en 2024 cerca de su zona, logrando su primera llegada ese año.
Su esposa, Alma Cravioto, añadió: “Esperamos paz en el barrio, en la familia y que nos vaya bien a todos”. Esta devoción resuena en un contexto donde México reporta más de 30 mil homicidios anuales ligados a violencia organizada, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Orígenes y misión del Niño Dios
Creación artística por la paz
El artista Abraham Gómez y su hermano forjaron esta estatua en 2013 como parte del proyecto “Caminata por la Paz y el Bien”. Hecha con esqueleto de acero, espuma de poliuretano y peso de media tonelada, se inspira en las figuras del Niño Dios veneradas el 2 de febrero, Día de la Candelaria. Ha visitado estados como Puebla, Tlaxcala y Jalisco, zonas afectadas por cárteles.
“La inseguridad complica las visitas, pero las hace más necesarias”, afirmó Gómez. Transportada en un canasto sobre camión, guía procesiones hasta iglesias locales. En Tepito, vecinos la vistieron con textiles huicholes, fusionando raíces indígenas y catolicismo mestizo. “Queremos rescatar tradiciones ancestrales y mostrar el bricolaje cultural de México”, dijo el artista.
Testimonios de fe en tiempos difíciles
María Concepción Franco, devota local, emocionada por la presencia del Niño Dios, lo llamó “una bendición milagrosa”. Sin hijos, lo lleva en su bolso como amuleto de fortaleza. Gómez enfatizó: “No se trata de fotos, sino de un mensaje que quede en los corazones”.
Esta tradición refuerza la devoción al Niño Dios en México, arraigada desde la colonia, donde imágenes como la de Tepito simbolizan esperanza en barrios marginados. La visita subraya cómo el arte sacro une comunidades ante desafíos persistentes.
