A lo largo de la historia política de República Dominicana, pocas parejas han tenido tanto impacto como el matrimonio de Horacio Vásquez y Doña Trina. Ambos se conocieron antes del ascenso de Horacio al poder y, “en salud y en enfermedad”, lidiaron con todo tipo de adversidades.
Doña Trina de Moya Vásquez fue la primera mujer conocida como “La Primera Dama de la República Dominicana”, definiendo el rol que la esposa de un presidente debe tener para su pueblo. Muchos incluso creen que ella fue la brújula moral que guio a Horacio Vásquez en momentos de duda.
![]()
Horacio Vásquez: La influencia de un matrimonio en la política
No sé tiene registro de cómo se conocieron Horacio Vásquez y Doña Trina. Se sabe que se casaron en 1888 cuando Vásquez todavía era un joven político y militar en Moca. Adoptaron a la sobrina de Trina, Edilia Antonia “Toñita” de Moya, como su hija, siendo su única descendencia, pues nunca tuvieron hijos biológicos.
Cuando Horacio Vásquez ascendió al poder, su mujer se convirtió en una especie de matriarca para el país. Disfrutaba de promover la educación y los derechos de la infancia, haciendo conciencia a través de distintas marchas.
Incluso se le atribuye a Doña Trina haber escrito “El Himno a la Madre” que promovía el valor de las matriarcas en la casa. Aunque en aquel momento no existía una gran visibilidad para el movimiento feminista, Doña Trina se la considero una figura importante al promover los derechos de la mujer, y defender la igualdad de género.
Según los textos, Doña Trina era descrita como una mujer amorosa, devota a su nación y a su esposo. Para muchos, ella fue la más fiel confidente que tuvo Horacio Vásquez, que lo ayudó muchas veces en su toma de decisiones.

¿Qué sucedió con Horacio Vásquez y Doña Trina?
En 1929, Horacio Vásquez sufrió un golpe de estado que lo dejó incompetente para seguir como presidente, y Rafael Trujillo, su segundo al mando, pasaría a convertirse en el nuevo líder de República Dominicana.
El matrimonio fue exiliado, y buscó refugió en Puerto Rico. Allí, Doña Trina se encargaría de cuidar a su marido hasta su fallecimiento en 1936. Sin embargo, el rol de la dominicana no se quedaría ahí.
Los siguientes años, Doña Trina se encargaría de preservar el legado de su marido, denunciando las conductas tiránicas de Rafael Trujillo ante el mundo, y siendo una vocera para su familia, hasta su fallecimiento en 1941.
El legado de ambos sigue presente hasta el día de hoy, como el de un presidente que terminó de cimentar las bases del país, y la Primera Dama que desarrolló los valores de una nación. Incluso se nombró al municipio de Villa Trina en la provincia de Espaillat en honor a Doña María de los Ángeles Trinidad de Moya Pérez.

