Florida demanda a OpenAI y a Sam Altman por un caso que pone otra vez bajo la lupa el diseño y el uso de ChatGPT. La Fiscalía estatal sostiene que la herramienta de inteligencia artificial ayudó a instigar un tiroteo masivo, favoreció la adicción en menores y debilitó el pensamiento crítico de los usuarios.
La acción judicial, presentada este lunes en Florida, apunta contra OpenAI por presuntas prácticas comerciales engañosas e injustas, negligencia, tergiversación fraudulenta, violación de normas de responsabilidad por productos defectuosos y molestias públicas. Según la demanda, la empresa habría priorizado el crecimiento y el valor de mercado por encima de la seguridad.
Florida demanda a OpenAI: qué alega la Fiscalía
El documento afirma que ChatGPT fue diseñado para retener a los usuarios en conversaciones prolongadas “por cualquier medio”, incluso si eso implicaba reducir la veracidad de las respuestas. En esa línea, la Fiscalía sostiene que la compañía conocía los riesgos y aun así siguió expandiendo el producto.
La demanda civil surge de forma independiente a una investigación criminal abierta en abril por el fiscal general James Uthmeier. Esa pesquisa examina si la plataforma llegó a “aconsejar” al presunto responsable de un tiroteo masivo ocurrido en la Universidad Estatal de Florida en 2025, donde murieron dos personas.
ChatGPT bajo presión legal
El caso de Florida demanda a OpenAI se suma a una ofensiva más amplia contra empresas de IA en Estados Unidos. Florida se convirtió en el primer estado en demandar a OpenAI y a su fundador por cuestiones de diseño y seguridad, un movimiento que puede abrir la puerta a más litigios similares.
La controversia también reaviva el debate sobre los riesgos de chatbots que simulan empatía o cercanía emocional. En el expediente, la Fiscalía sostiene que esa dinámica puede aumentar la dependencia del usuario, especialmente entre menores, y alterar la percepción de realidad en conversaciones sensibles.
Florida demanda a OpenAI en medio de más casos contra la IA
El estado ya había mostrado una línea dura frente a la inteligencia artificial. En marzo trascendió que una familia de Florida demandó al chatbot de Gemini, al que acusa de influir en un suicidio al reforzar una relación emocional con el usuario. Ese antecedente refuerza el clima de escrutinio sobre los sistemas conversacionales.
Por ahora, OpenAI no ha sido presentada públicamente como condenada en este proceso, y las acusaciones forman parte de una demanda civil que deberá probarse en tribunales. Aun así, el expediente deja claro que Florida demanda a OpenAI con el argumento de que la seguridad de ChatGPT no habría sido suficiente para impedir daños graves.
En la práctica, el caso coloca a Sam Altman, a OpenAI y a ChatGPT en el centro de una discusión que ya no se limita al avance tecnológico: ahora incluye responsabilidad legal, protección de menores y el alcance real de la IA en situaciones de alto riesgo.

