En la fotografía, un niño sostiene la bicicleta en la que posa el célebre Chimpancé Buche, figura entrañable de los años 60 en Santo Domingo – República Dominicana. La imagen lo muestra acompañado de Alvin Nadal, hijo de don Alfredo Nadal, propietario del animal y responsable de su cuidado en sus primeros años. Con semblante curioso y travieso, Buche se convirtió en un personaje querido por la ciudad, cuya historia aún despierta sonrisas y recuerdos.
El chimpancé llegó a la vida de la familia Nadal cómo un animal doméstico, ganándose rápidamente la atención de los vecinos por sus ocurrencias. Con el tiempo, su energía y carácter bromista lo hicieron demasiado inquieto para la vida en casa. Fue entonces cuándo su destino cambió: pasó a formar parte del antiguo zoológico de la avenida Bolívar, donde se convirtió pronto en la principal atracción.
Buche: De mascota curiosa a símbolo urbano
Los visitantes del zoológico acudían fascinados por ver a Buche en acción. Su personalidad carismática y juguetona, junto con su habilidad para interactuar con las personas, lo convirtieron en leyenda urbana. Durante años, el chimpancé Buche fue sinónimo de paseo familiar, de risas infantiles y de anécdotas compartidas entre diferentes generaciones que aún recuerdan aquel espacio de recreación en la capital dominicana.
Su historia, sin embargo, también revela la visión de una época respecto al bienestar del animal. Lo que entonces se percibía cómo entretenimiento, hoy se contempla con un lente más crítico, que invita a reflexionar sobre los derechos de los animales y el rol de los zoológicos en la sociedad humana.
Buche una figura inolvidable
Tras su muerte, el cuerpo de Buche fue preservado y pasó a formar parte del Museo Nacional de Historia Natural en la exhibición titulada “Buche inolvidable”. Esta decisión buscó mantener viva la memoria de un chimpancé que marcó la infancia de miles de dominicanos, pero también abrió debates sobre la relación entre la cultura urbana y la vida silvestre.
Hoy, el recuerdo del Chimpancé es más que una anécdota pintoresca: es un espejo de cómo la ciudad creció, cómo evolucionaron sus espacios de ocio, y cómo cambiaron las percepciones sobre la convivencia con los animales. En esa dualidad entre la nostalgia y la reflexión, Buche sigue siendo un ícono de una época dorada de Santo Domingo.

