América Latina atrapada en la rivalidad China y EE.UU. es una advertencia que vuelve a tomar fuerza tras la reciente publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Estados Unidos, documento que reorienta las prioridades geopolíticas de Washington con especial énfasis en la región del Caribe y el continente americano.
Según Juan González, politólogo y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la administración estadounidense ha retomado la diplomacia del “Gran Garrote” para frenar el avance de China en América Latina. Esta estrategia, sustentada en un corolario de Trump inspirado en la Doctrina Monroe del siglo XIX, plantea que Washington utilizará su poder político, económico y militar para impedir que China controle activos estratégicos en la región.
El documento reconoce explicitamente la creciente capacidad de China para desafiar a EE.UU. en esferas económicas, tecnológicas, científicas y militares, y por ello se toman medidas preventivas.
El ascenso de China y su consolidación en la región
Hace solo dos décadas, las relaciones comerciales entre China y América Latina eran limitadas, pero hoy el intercambio supera los 500 mil millones de dólares anuales, un crecimiento exponencial desde los 20 mil millones en el año 2000. Este auge responde a factores como el rechazo al ALCA, la atención de EE.UU. en otras regiones tras el 11-S, el aumento de la demanda china de recursos naturales y la formación de entidades latinoamericanas con enfoque de autonomía como la CELAC.
Proyectos estratégicos como el puerto de Chancay en Perú, financiado con más de 3,500 millones por China, forman parte de la ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda. Este proyecto busca conectar el Pacífico con el Atlántico mediante un corredor ferroviario bioceánico, lo que podría alterar significativamente las dinámicas económicas y logísticas de la región.
Presiones y contrapresiones: política y seguridad en juego
El corolario de Trump refleja la política de incentivos de EE.UU. a gobiernos que se alineen con sus intereses, como el apoyo económico millonario a Argentina para contrarrestar proyectos vinculados a China. Asimismo, la presión se ejerce contra contratos estratégicos gestionados por empresas chinas, como los puertos en la zona del Canal de Panamá, que buscan pasar a manos occidentales.
En países como México y Brasil, se han bloqueado o evitado proyectos chinos estratégicos para mantener relaciones fluidas con EE.UU. También existen sanciones y bloqueos contra funcionarios de gobiernos considerados contrarios a los intereses estadounidenses, evidenciando la creciente militarización y confrontación que recuerda la Guerra Fría.
Un llamado a la cautela y estrategia regional
Frente a esta situación, González advierte que América Latina atrapada en la rivalidad China y EE.UU. debe manejar su política exterior con cautela, astucia y diplomacia, aprendiendo de países asiáticos que equilibran sus relaciones con ambas potencias sin elegir bandos claros. La región enfrenta una de las mayores tensiones geopolíticas de su historia moderna, lo que obliga a sus estados a priorizar el interés nacional para evitar quedar atrapados en esta disputa entre superpotencias.
La rivalidad entre China y EE.UU. en América Latina continuará moldeando la política, economía y seguridad del continente, haciendo imprescindible que los países latinoamericanos diseñen estrategias inteligentes para no perder autonomía ni estabilidad frente a esta pugna global.

