Bad Bunny volvió al centro de la controversia legal por el uso de voces femeninas en el reguetón. Dos demandas separadas, ambas millonarias, han puesto bajo revisión cómo se usan esas grabaciones en canciones, conciertos y material promocional.Bad Bunny enfrenta así un debate que ya trasciende lo musical.
Bad Bunny y la voz detrás de “EoO”
La más reciente querella fue presentada por Tainaly Serrano Rivera, quien alega que su voz fue utilizada sin consentimiento en Solo de mí, de X 100pre (2018), y en EoO, tema incluido en DeBÍ TiRAR MáS FOToS (2024). Según la información difundida, la demanda reclama 16 millones de dólares y sostiene que la grabación también fue explotada en conciertos, promoción y mercancía.Bad Bunny no ha quedado fuera del escrutinio por el impacto comercial de ese uso.
El caso tomó fuerza tras la gira europea, donde la parte de la canción en la que se escucha la voz fue repetida por miles de asistentes. En el centro del reclamo está si esa intervención debe tratarse como una simple colaboración creativa o como un uso comercial que requiere autorización expresa.Bad Bunny y su equipo no han resuelto todavía esa discusión públicamente en el material revisado.
La disputa por consentimiento
La demanda también abre una pregunta común en la industria urbana: quién autoriza una voz breve, un ad-lib o una frase que termina formando parte del éxito de una canción. En el caso de Bad Bunny, la discusión no se limita a la composición; toca derechos de voz, imagen y privacidad, tres áreas que suelen cruzarse en litigios musicales.
Bad Bunny y la demanda de Carliz de la Cruz
No es la primera vez que Bad Bunny enfrenta una acción similar. Su expareja Carliz de la Cruz reclama 40 millones de dólares por la frase “Bad Bunny, baby”, grabada cuando aún eran pareja y luego usada en temas como Diles, Pa’ Ti y Dos mil 16. El Supremo de Puerto Rico admitió parte del caso, aunque acotó el reclamo por uno de los temas por vencimiento de plazo, según las reseñas consultadas.Bad Bunny carga ahora con dos frentes legales distintos, pero conectados por una misma discusión.
Lo que está en juego para el reguetón
Más allá del nombre de Bad Bunny, ambas demandas exponen una realidad frecuente en el reguetón: muchas voces femeninas quedan integradas a canciones exitosas sin una trazabilidad clara sobre permisos, pagos o créditos. En una industria donde los fragmentos vocales pueden convertirse en sello sonoro, los tribunales empiezan a definir dónde termina la creatividad y dónde comienza la explotación.Bad Bunny, en ese escenario, simboliza una pelea mayor sobre derechos y control de la voz.
Por ahora, Bad Bunny sigue enfrentando el peso de dos litigios que podrían marcar precedentes para artistas, productores y sellos. Y si algo dejan claro estos casos es que la conversación sobre Bad Bunny ya no gira solo en torno a la fama, sino a quién tiene derecho a ganar con una voz ajena.
